Es muy importante que yo entienda cómo me ve Dios.
En el mundo existe un desequilibrio debido a la falta de
entendimiento en cuanto a nuestra individualidad y al hecho de que somos
únicas.
Las expectativas egoístas, las exigencias absurdas y la
falta de amor crean un ambiente destructivo que lejos de reconocer o apreciar
nuestro valor amenaza con destruirnos totalmente.
Un mundo que dirige su mirada hacia los resultados es un
mundo que ha fallado en abrirse al amor.
El amor tiene la capacidad de encontrar lo precioso de la actitud.
La actitud expresa la postura de mi corazón: actitud de escuchar, de ayudar, de
participar, de perdonar, de comprender, de enseñar, de aprender, de servir, de
aportar, de amar, …
En “ser únicas” está lo precioso de cada una de
nosotras. Los dones, las capacidades, el
temperamento, las incapacidades, el conocimiento, los recursos con los cuales
contamos marcan nuestro círculo de movimiento.
Debemos empezar por descubrir todo lo bueno y bello que hay
en nuestro interior. Para ello es muy
importante estar en un terreno totalmente neutral en donde no haya miedo,
incredulidad ni dolor.
El propósito de Dios al crearme era el tener comunión
conmigo. Su deseo más grande es
disfrutar del amor que mi corazón puede dar y concederme sentir y saber cuánto
El me ama. El desea que yo pueda
disfrutar de toda su creación y que aprenda a amarme y a disfrutar yo misma de
cada cosa que El me ha concedido. En la
medida en la que yo logre valorarme voy a lograr amar a los que me rodean y
transmitir correctamente el amor que porto.
Una perla no se deja al descubierto. Una perla no se expone. Una perla se guarda y se cuida, como lo que
es: algo de gran valor, y sólo se
muestra a aquéllos que se han mostrado dignos, para poder apreciarla.
Al entender nuestro valor debemos comprender la gran
importancia de pasar tiempo a solas con el Creador de nuestras almas, quien es
el único que puede tener de nosotras el cuidado que necesitamos que se
tenga. Nuestro Hacedor debe ser nuestro
único confidente, nuestro más cercano consejero, nuestro consolador y nuestro
maestro. Pasar tiempo con El es como
pulir la perla y mantenerla lejos de polvo, de suciedad, de adversidad de todo
tipo. Nada ni nadie pueden llenar
nuestro corazón, sino sólo El. Nos hizo para Sí mismo y necesitamos estar con
El y recibir de El para poder ser quienes nacimos para ser.
Debemos valorar nuestro corazón: nuestros sentimientos, nuestras necesidades,
nuestras ansias, nuestros sueños, … no debemos avergonzarnos de nuestros
temores, de la conciencia de nuestros límites y nuestras debilidades, sino
descansar en el fiel amor de Dios, y vivir humildemente y con dignidad, según la gracia que nos ha sido concedida.
Debemos AMARNOS nosotras mismas por lo que somos. No debemos caer en un espíritu de esclavitud,
de menosprecio, de desorden, de desequilibrio y/o de destrucción. Debemos tomarnos el tiempo para una sana
alimentación, para una cantidad suficiente y adecuada de descanso, para cuidar
de nuestra higiene y nuestra belleza externa, y mucho más de la interna, que
requiere un corazón libre de egoísmo, de orgullo, de resentimiento, de envidia,
de altivez, … libre de todo sentimiento impuro.
Teniendo cuidado de nuestra perla vamos a ser bendición
dondequiera que estemos y vamos a poder cuidar de otros, ayudar a otros, guiar
a otros, proteger a otros, amar a los que nos rodean.
Entendiendo nuestro valor jamás vamos a caer en el engaño de
la envidia, ni en el error de evadir nuestra función. Una perla preciosa no se avergüenza de sí
misma, ni desea ser otra cosa, ni se esconde, sino que se coloca en el lugar en
donde debe estar, donde es apreciada, estimada, valorada, amada. Una perla preciosa es bendición. Y no “espera” que otros se ocupen de ella y
tengan cuidado de ella, sino cuida de sí misma.
Dios no mira cuánto me cuesta hacer las cosas, Dios mira que
puedo hacer las cosas; Dios valora mi
actitud, mi disposición, no importando los resultados. Dios no mira lo que me falta, Dios mira hasta
dónde puedo llegar. Dios no mira
imposibles, Dios sabe la semilla que ha puesto en mí. Dios no me mira con tristeza ni cólera, Dios
me mira con fe. Dios no mira tanto lo
que hice, como por qué lo hice; Dios sabe que estoy en un proceso, y El sabe
cuál es el final. Soy yo quien debe
creer en ese Dios que me guía, me protege, y no va a abandonarme, sino va a
amarme para que yo pueda lograr lo que debo lograr. Y así debo verme yo también.
Sea lo que sea lo que persiga, lo que escoja, lo que haga,
lo que deje, es muy importante que mi conciencia esté tranquila y limpia, en
armonía con el corazón de mi Creador.
Habiendo entendido mi valor, debo buscar dos cosas: humildad y fuerza. La humildad me mantendrá libre de tener un
mayor concepto de mí misma que el que debo tener; me mantendrá agradecida y
consciente de mi necesidad de depender de mi Creador. Me permitirá pedir a otros y recibir con agradecimiento,
y dar, reconociendo mis limitaciones y respetando mi capacidad real. La fuerza es necesaria para soportar todo
ataque, para perdonar, y para retirarme de cualquier situación o persona que
amenace mi integridad. Así como para
honrar el amor antes que ninguna otra cosa.
Una perla de gran precio entiende que no es cualquier cosa,
y debe darse su valor ella misma. Este
mundo no sólo menosprecia, sino desvaloriza, a través de las heridas, el ataque
frontal, y el deseo arrogante y altivo de destruir sin escrúpulos ni
misericordia. Debemos comprender esto en
forma profunda y no ser ingenuas, ni lentas, ni cobardes, ni superficiales en
cuanto a ello, sino firmes para defender la joya preciosa que nos ha sido
encomendada y concedida. Esta defensa no
está en las palabras, sino en la acción determinada. Debemos aislarnos de todo terreno inadecuado
para nosotras, desde impuro (inadecuado, contaminado) hasta adverso.

¡Disfrutemos el privilegio de ser tan bellas y valiosas, y
propaguemos bendición a través de todo lo que somos, sin que jamás nadie llegue
a saber completa y totalmente lo que en realidad albergamos adentro, sino sólo
nuestro Creador, a quien pertenecemos, y a quien queremos y debemos honrar con
todo lo que pensamos, sentimos, deseamos, hacemos y dejamos de hacer!
Debemos ver y escoger el lugar y a
las personas a quienes vamos a darles del amor que llevamos dentro. Hay cosas que pueden darse indistintamente,
como la vestimenta o la comida, pero hay otras que no, como el afecto, la
presencia, etc. Cada una de nosotras tiene
la responsabilidad de definir a quién, cuánto, cuándo y por qué, así como por
qué no. Esta es nuestra
responsabilidad.
Nuestro refugio es el amor de
nuestro Hacedor. A El debemos volver una
y otra vez, a tomar de Su amor, a renovar nuestras fuerzas, a suplir nuestra
necesidad y a recibir Su dirección para vivir una vida agradable a El, haciendo
Su voluntad.
Nunca
debemos perder de vista nuestro valor.
No importando lo que suceda alrededor, no son las circunstancias las que
definen lo que hacemos, sino es la perla
la que decide lo que hace ante las circunstancias.
Una
vez hemos sido ultrajadas, pisoteadas, usadas, despreciadas, menospreciadas, …
lo que debemos hacer es perdonar y alejarnos de ese ambiente hostil y violento,
lleno de irrespeto y ceguera.
Cuando
hemos sido maltratadas en nuestra casa, por nuestro padre o madre, por nuestros
abuelos, tíos primos o hermanos existen heridas muy profundas que pueden
provocar una visión incorrecta acerca de nuestro valor, … debemos encontrar
esas heridas y sanarlas a través de la verdad.
Todos
deseamos aceptación y aprecio. El estar
cerca de personas que reciben constantes alabanzas y premios, mientras nosotros
recibimos regaños, exigencias y palabras denigrantes pueden provocar en
nosotros dolor, envidia, celos, resentimiento, odio e ira. Es por ello que es necesario levantar los
ojos hacia nuestro Creador y vernos como El nos ve, … atesorar cada cosa bella
que El colocó en nosotros desde antes de nacer.
El
ser una perla preciosa no implica en ningún momento y de ninguna manera que
esté todo el tiempo rodeada de alabanzas y de exaltación, sino implica
comprender YO misma mi valor y NO permitir nunca que la apreciación externa (ni
positiva ni negativa) altere mi imagen interior, así como tampoco permitir que
se me denigre, maltrate, desprecie o condene.
Como
seres humanos vivimos en un constante proceso de perfeccionamiento. La perla precios es mi esencia, todo lo que
es ajeno a ella debe ser tratado y desechado.
Para que ese proceso se lleve a cabo en toda pureza necesitaremos de
paciencia, humildad, fuerza, perseverancia y fidelidad. Fidelidad hacia nuestra identidad, fidelidad
para con el amor, y fidelidad para con la vida.
"No te merece quien te
tiene como opción, sino quien te tiene como prioridad. No te merece quien
sólo te busca para el placer, sino quien te respeta como mujer. No te merece quien te culpa por tus
errores, sino quien te perdona, comprende y te ama a pesar de ellos. No te merece quien te cambia por otra, sino
aquél que al conocerte supo que no existe otra." Autor desconocido
Canciones:
"Have I told you lately" R. Stewart
"Angel de ternura" A. Torres
"You light up my life" K. Rogers
"O tú o ninguna" L. Miguel
"You´re the inspiration" Chicago
Canciones:
"Have I told you lately" R. Stewart
"Angel de ternura" A. Torres
"You light up my life" K. Rogers
"O tú o ninguna" L. Miguel
"You´re the inspiration" Chicago