miércoles, 23 de enero de 2019


Cómo se forman las perlas? - Muy Interesante


             Es muy importante que yo entienda cómo me ve Dios. 
En el mundo existe un desequilibrio debido a la falta de entendimiento en cuanto a nuestra individualidad y al hecho de que somos únicas.
Las expectativas egoístas, las exigencias absurdas y la falta de amor crean un ambiente destructivo que lejos de reconocer o apreciar nuestro valor amenaza con destruirnos totalmente.

Un mundo que dirige su mirada hacia los resultados es un mundo que ha fallado en abrirse al amor.  El amor tiene la capacidad de encontrar lo precioso de la actitud.
La actitud expresa la postura de mi corazón:  actitud de escuchar, de ayudar, de participar, de perdonar, de comprender, de enseñar, de aprender, de servir, de aportar, de amar, …
En “ser únicas” está lo precioso de cada una de nosotras.  Los dones, las capacidades, el temperamento, las incapacidades, el conocimiento, los recursos con los cuales contamos marcan nuestro círculo de movimiento.
Debemos empezar por descubrir todo lo bueno y bello que hay en nuestro interior.  Para ello es muy importante estar en un terreno totalmente neutral en donde no haya miedo, incredulidad ni dolor.  

El propósito de Dios al crearme era el tener comunión conmigo.  Su deseo más grande es disfrutar del amor que mi corazón puede dar y concederme sentir y saber cuánto El me ama.  El desea que yo pueda disfrutar de toda su creación y que aprenda a amarme y a disfrutar yo misma de cada cosa que El me ha concedido.  En la medida en la que yo logre valorarme voy a lograr amar a los que me rodean y transmitir correctamente el amor que porto.

Una perla no se deja al descubierto.  Una perla no se expone.  Una perla se guarda y se cuida, como lo que es:  algo de gran valor, y sólo se muestra a aquéllos que se han mostrado dignos, para poder apreciarla.
Al entender nuestro valor debemos comprender la gran importancia de pasar tiempo a solas con el Creador de nuestras almas, quien es el único que puede tener de nosotras el cuidado que necesitamos que se tenga.  Nuestro Hacedor debe ser nuestro único confidente, nuestro más cercano consejero, nuestro consolador y nuestro maestro.  Pasar tiempo con El es como pulir la perla y mantenerla lejos de polvo, de suciedad, de adversidad de todo tipo.  Nada ni nadie pueden llenar nuestro corazón, sino sólo El. Nos hizo para Sí mismo y necesitamos estar con El y recibir de El para poder ser quienes nacimos para ser.
Debemos valorar nuestro corazón:  nuestros sentimientos, nuestras necesidades, nuestras ansias, nuestros sueños, … no debemos avergonzarnos de nuestros temores, de la conciencia de nuestros límites y nuestras debilidades, sino descansar en el fiel amor de Dios, y vivir humildemente y con dignidad,  según la gracia que nos ha sido concedida.

Debemos AMARNOS nosotras mismas por lo que somos.  No debemos caer en un espíritu de esclavitud, de menosprecio, de desorden, de desequilibrio y/o de destrucción.  Debemos tomarnos el tiempo para una sana alimentación, para una cantidad suficiente y adecuada de descanso, para cuidar de nuestra higiene y nuestra belleza externa, y mucho más de la interna, que requiere un corazón libre de egoísmo, de orgullo, de resentimiento, de envidia, de altivez, … libre de todo sentimiento impuro.
Teniendo cuidado de nuestra perla vamos a ser bendición dondequiera que estemos y vamos a poder cuidar de otros, ayudar a otros, guiar a otros, proteger a otros, amar a los que nos rodean.

Entendiendo nuestro valor jamás vamos a caer en el engaño de la envidia, ni en el error de evadir nuestra función.  Una perla preciosa no se avergüenza de sí misma, ni desea ser otra cosa, ni se esconde, sino que se coloca en el lugar en donde debe estar, donde es apreciada, estimada, valorada, amada.  Una perla preciosa es bendición.  Y no “espera” que otros se ocupen de ella y tengan cuidado de ella, sino cuida de sí misma.
Dios no mira cuánto me cuesta hacer las cosas, Dios mira que puedo hacer las cosas;  Dios valora mi actitud, mi disposición, no importando los resultados.  Dios no mira lo que me falta, Dios mira hasta dónde puedo llegar.  Dios no mira imposibles, Dios sabe la semilla que ha puesto en mí.  Dios no me mira con tristeza ni cólera, Dios me mira con fe.  Dios no mira tanto lo que hice, como por qué lo hice; Dios sabe que estoy en un proceso, y El sabe cuál es el final.  Soy yo quien debe creer en ese Dios que me guía, me protege, y no va a abandonarme, sino va a amarme para que yo pueda lograr lo que debo lograr.  Y así debo verme yo también.

Sea lo que sea lo que persiga, lo que escoja, lo que haga, lo que deje, es muy importante que mi conciencia esté tranquila y limpia, en armonía con el corazón de mi Creador. 
Habiendo entendido mi valor, debo buscar dos cosas:  humildad y fuerza.  La humildad me mantendrá libre de tener un mayor concepto de mí misma que el que debo tener; me mantendrá agradecida y consciente de mi necesidad de depender de mi Creador.  Me permitirá pedir a otros y recibir con agradecimiento, y dar, reconociendo mis limitaciones y respetando mi capacidad real.  La fuerza es necesaria para soportar todo ataque, para perdonar, y para retirarme de cualquier situación o persona que amenace mi integridad.  Así como para honrar el amor antes que ninguna otra cosa.

Una perla de gran precio entiende que no es cualquier cosa, y debe darse su valor ella misma.   Este mundo no sólo menosprecia, sino desvaloriza, a través de las heridas, el ataque frontal, y el deseo arrogante y altivo de destruir sin escrúpulos ni misericordia.  Debemos comprender esto en forma profunda y no ser ingenuas, ni lentas, ni cobardes, ni superficiales en cuanto a ello, sino firmes para defender la joya preciosa que nos ha sido encomendada y concedida.  Esta defensa no está en las palabras, sino en la acción determinada.  Debemos aislarnos de todo terreno inadecuado para nosotras, desde impuro (inadecuado, contaminado) hasta adverso.




Resultado de imagen para perla


¡Disfrutemos el privilegio de ser tan bellas y valiosas, y propaguemos bendición a través de todo lo que somos, sin que jamás nadie llegue a saber completa y totalmente lo que en realidad albergamos adentro, sino sólo nuestro Creador, a quien pertenecemos, y a quien queremos y debemos honrar con todo lo que pensamos, sentimos, deseamos, hacemos y dejamos de hacer! 
            Debemos ver y escoger el lugar y a las personas a quienes vamos a darles del amor que llevamos dentro.  Hay cosas que pueden darse indistintamente, como la vestimenta o la comida, pero hay otras que no, como el afecto, la presencia, etc.  Cada una de nosotras tiene la responsabilidad de definir a quién, cuánto, cuándo y por qué, así como por qué no.  Esta es nuestra responsabilidad.  
            Nuestro refugio es el amor de nuestro Hacedor.  A El debemos volver una y otra vez, a tomar de Su amor, a renovar nuestras fuerzas, a suplir nuestra necesidad y a recibir Su dirección para vivir una vida agradable a El, haciendo Su voluntad.

            Nunca debemos perder de vista nuestro valor.  No importando lo que suceda alrededor, no son las circunstancias las que definen  lo que hacemos, sino es la perla la que decide lo que hace ante las circunstancias.

Una vez hemos sido ultrajadas, pisoteadas, usadas, despreciadas, menospreciadas, … lo que debemos hacer es perdonar y alejarnos de ese ambiente hostil y violento, lleno de irrespeto y ceguera.
Cuando hemos sido maltratadas en nuestra casa, por nuestro padre o madre, por nuestros abuelos, tíos primos o hermanos existen heridas muy profundas que pueden provocar una visión incorrecta acerca de nuestro valor, … debemos encontrar esas heridas y sanarlas a través de la verdad.  
Todos deseamos aceptación y aprecio.  El estar cerca de personas que reciben constantes alabanzas y premios, mientras nosotros recibimos regaños, exigencias y palabras denigrantes pueden provocar en nosotros dolor, envidia, celos, resentimiento, odio e ira.  Es por ello que es necesario levantar los ojos hacia nuestro Creador y vernos como El nos ve, … atesorar cada cosa bella que El colocó en nosotros desde antes de nacer.

El ser una perla preciosa no implica en ningún momento y de ninguna manera que esté todo el tiempo rodeada de alabanzas y de exaltación, sino implica comprender YO misma mi valor y NO permitir nunca que la apreciación externa (ni positiva ni negativa) altere mi imagen interior, así como tampoco permitir que se me denigre, maltrate, desprecie o condene.

Como seres humanos vivimos en un constante proceso de perfeccionamiento.  La perla precios es mi esencia, todo lo que es ajeno a ella debe ser tratado y desechado.  Para que ese proceso se lleve a cabo en toda pureza necesitaremos de paciencia, humildad, fuerza, perseverancia y fidelidad.  Fidelidad hacia nuestra identidad, fidelidad para con el amor, y fidelidad para con la vida.


               "No te merece quien te tiene como opción, sino quien te tiene como prioridad. No te merece quien sólo te busca para el placer, sino quien te respeta como mujer.     No te merece quien te culpa por tus errores, sino quien te perdona, comprende y te ama a pesar de ellos.   No te merece quien te cambia por otra, sino aquél que al conocerte supo que no existe otra."       Autor desconocido




Canciones:

"Have I told you lately" R. Stewart 
"Angel de ternura" A. Torres
"You light up my life" K. Rogers
"O  tú o ninguna" L. Miguel
"You´re the inspiration" Chicago